jueves, 21 de marzo de 2013

"MĂRŢIŞOARE"

Aunque el día del que vamos a hablar ya pasó, nos pareció apropiado no publicar este post hasta hoy, primer día de la primavera.
El 1 de marzo se celebra en Rumanía el "MĂRŢIŞOARE". En este día, los hombres (o las amigas entre ellas) agasajan a las mujeres que conocen (esposas, novias, amigas, compañeras de trabajo, etc) con unos broches y, a veces, con sencillos ramilletes de flores, que marcan, de algún modo, el inicio de la primavera.
Estos broches se llaman "MĂRŢIŞOR". Se trata de pequeños objetos confeccionados manualmente (aunque el negocio se impone, y las joyerías empiezan a vender piezas de plata y oro), de materiales diversos (madera, cerámica, fieltro, vidrio, flores prensadas, plumas...) a los que se ata un cordón rojo y blanco. Usualmente representan tréboles de cuatro hojas, mariquitas, golondrinas, flores o, incluso, deshollinadores, ya que se creen que toparse con uno de estos últimos es señal de buena suerte.
Tradicionalmente las mujeres los llevaban colocados sobre el pecho, adornando sus chaquetas, camisas, etc. Normalmente se reciben varios, y se decide portar el del "amado" o el que más bonito parezca.
Se cree que quien lleva estos broches, tendrá un año de salud, suerte, protección y belleza.

domingo, 3 de marzo de 2013

Sibiu, país sajón

A finales de febrero hicimos una nueva incursión en el interior de Rumanía, esta vez en una agradable ciudad transilvana: Sibiu.
La peor parte del viaje, con mucho, son las seis horas en tren desde Bucarest. Al principio la idea parece encantadora, casi romántica: seis horas en tren, viendo el paisaje, leyendo, disfrutando de la buena conversación... este sentimiento se termina a las tres horas de viaje, cuando ya es de noche, no se ve nada por la ventanilla y uno solo quiere estirar las piernas y correr.
Con todo y eso, Sibiu es una visita más que recomendable, sobretodo para aquellos que estén motorizados.
Una vez llegamos allí nos sorprendimos con la no desdeñable cantidad de edificios y fábricas abandonados. No parecía algo propio de una ciudad que en 2007 fue Capital Europea de la Cultura. Pero, como descubriríamos a la luz del sol, era solo la primera apariencia.
El hostalito en el que nos alojamos era muy agradable (aquellos que quieran ir, que nos pidan los datos de contacto). Sobre nuestra cama había bombones, los gallos cantaban bajo la ventana al amanecer, y ofrecían un copioso (price included) desayuno inglés... en fin, lo perfecto para un fin de semana de relax.
Ya el sábado nos acercamos al casco histórico, a descubrir las tres plazas: Piata Mica, Piata Mare y Piata Huet. En un entorno típicamente sajón, estas tres plazas se encuentran interconectadas formando el núcleo cultural y museístico de la ciudad.
Además del recorrido peatonal que merece la zona, entramos en varios de los museos y galerías de Sibiu: el museo de Historia y el museo Franz Binder de Etnología. La visita a este último podríamos calificarla como "genial" porque contamos con un improvisado guía. Sin lengua en común en la que entendernos, consiguió explicarnos (o gesticularnos) casi cada una de las piezas expuestas, nos agasajó con un libro y muchas postales. El pago a cambio, fue tener que sentarse durante una hora a ver vídeos de marionetas que representaban cuentos populares del país.
Tras la dosis de conocimiento, pasamos a nuestras ya clásicas investigaciones culinarias: nunca nos marchamos de un lugar sin probar los platos típicos.No tenemos muy claro que lo que almorzamos ese sábado en Sibiu fuese algo típico, pero sin duda estaba delicioso: trucha al horno con arroz serbio y rollo de pollo, queso y pimiento con patatas rústicas. Todo ello regado con un rico caldo chileno y culminado con unos crepes de queso amargo.
Ya por la tarde, visitamos iglesias varias y subimos a ver las vistas de la ciudad desde la torre del Concejo (en la que una de las Patatas dejó para siempre su ADN impreso en una viga del techo y se llevó de recuerdo un chichoncito).
El domingo sólo pudimos aprovechar las horas de la mañana, que pasamos en el museo Brukenthal, considerado la mejor galería de arte de Rumanía. Cuenta con obras de pintores como van Eyck, Bruegel o Jordaens.
En definitiva, Sibiu aunque lejos de Bucarest, es una ciudad a tener en cuenta en la ruta de todo turista por Rumanía. 

sábado, 2 de febrero de 2013

Viena&Bratislava

Las fiestas navideñas, nuestro regreso a casa y la vuelta aquí han hecho que nos demoremos, más de lo habitual, en actualizar nuestro blog. Este tiempo de ausencia no ha estado carente de nuevas experiencias y celebraciones, incluyendo dos fiestas de fin de año: la católica española y la ortodoxa rusa.

Pero, quizá lo más destacado en este tiempo haya sido el viaje a Viena&Bratislava. 

En un principio Viena era la excusa y Bratislava el complemento pero la percepción final es que ambas ciudades tienen su propio encanto, cada una a su manera.

La nieve nos acompañó durante todo el recorrido, tanto en nuestras visitas a los palacios vieneses (Hofburg, Schoennbrunn y Belvedere),  como en nuestros paseos por el Ringstrasse (Parlamento, Ayuntamiento, Ópera, Universidad, etc.). 

Aunque parezca mentira, una de las visitas más divertidas, fue a los apartamentos de Sisi, porque el caracter de la emperatriz y sus aficiones eran, cuanto menos, sorprendentes y extrañas: desde beber el jugo de la ternera, a lavarse el pelo con huevo, hasta sus poemas oscuros sobre su vacía vida.

Además de estos monumentos ya famosos, en Viena visitamos también otros lugares más curiosos, como el gran cementerio de la ciudad, en el que están enterrados conocidos músicos. Pero lo mejor de ese cementerio, era el restaurante que hay frente a él. Se trata de un caserón casi abandonado, en el que no hay luz eléctrica, pero en el que se sirve deliciosa comida típica austriaca, como schnitzel relleno de lentejas. No hemos sido capaces de memorizar el nombre de los platos que tomamos pero, por si hay interesados, era el menú degustación para tres. 

El schnitzel no fue el único plato típico que tomamos allí. Como este viaje era una ocasión especial, fuimos también a un lugar especial para tomar la "sachertorte": el "Hotel Sacher", que da nombre a esta rica tarta de chocolate.

 





Y si seguimos pensando en tartas, hemos de mencionar Bratislava: sin duda la tarta de queso más buena que habíamos probado en mucho tiempo.

Pero no penséis que nuestros viajes de turismo son solo gastronómicos. Bratislava, "la joya oculta de Europa" para algunos, es una pequeña capital, casi un pueblo en el corazón de Centroeuropa. A una hora de Viena, merece la pena pasar un día paseando por su casco antiguo, visitar su palacio, sus originales estatuas escondidas en los rincones menos esperados, la Iglesia Azul...

En definitiva, un gran viaje, lleno de mucha cultura, mucha buena comida, genial compañía y rica cerveza. ¡Ah! Y sin olvidar la noria de Viena, que romántica se eleva sobre la ciudad imperial desde el siglo XIX.



miércoles, 19 de diciembre de 2012

¡¡Explorando los Cárpatos!!

Antes de que la nieve nos incomunicase definitivamente, fuimos a pasar un día otoñal a Sinaia, a hora y media en tren de la capital rumana, lugar en el que se encuentra el castillo de Peles (en realidad palacio).

El castillo de Peles, situado en plenos Cárpatos, fue mandado construir por los primeros reyes de Rumanía, de origen germano. Posteriormente, Ceausescu lo empleó para recibir a mandatarios de otros países. A día de hoy, se hacen tours guiados por dentro del palacio, que se conserva en perfecto estado y que es digno de visitar. Fue muy moderno para su época ya que fue el primer castillo europeo dotado de electricidad y contaba con ascensor para dos personas, agua corriente y un sistema centralizado de aspiradoras.

De camino al castillo, por las laderas nevadas, se puede disfrutar de un hermoso paisaje natural, rodeado de altas montañas perfectas para esquiar. También en este ascenso se puede visitar el pequeño castillo de Pelisor y el Monasterio de Peles.

Perfecto viaje para un sábado nevado. Se aseguran bellas fotografías para el recuerdo y abundante y rica comida en los restaurantes del lugar.

viernes, 14 de diciembre de 2012

De Bucarest a Budapest!

Desde que sabemos que nuestro destino era Bucarest, ha habido más de un interlocutor que ha confundido esta ciudad con Budapest. Consideramos que este malentendido no podía mantenerse más y por ello visitamos Buda y Pest, para poder contar lo que en esta ciudad húngara se puede ver.

Si tuviésemos que definir Budapest con una palabra, la descripción sería simple y sencilla: BELLÍSIMA. Sin duda es una de las capitales más hermosas que hemos visitado hasta ahora.

A los dos lados del Danubio se levantan majestuosos edificios que han sido testigo de una historia apasionante y de un siglo XX convulso. Desde nuestro hostal situado en la plaza Astoria (pleno barrio judío), nos dirigimos a Buda! El primer día visitamos el distrito del Castillo, sus calles empedradas y placitas. A destacar: el Bastión de los Pescadores iluminado y la Iglesia de San Matías, aunque también nos sobrecogió la Iglesia de Santa Magdalena, de la que las bombas solo dejaron en pie la estructura básica y las campanas.

Al día siguiente comenzamos la jornada tomando un baño en los típicos baños Széchenyi. Mientras nuestras cabezas permanecían a unos cinco grados bajo el despejado cielo de Pest, nuestros cuerpecitos disfrutaban de aguas cálidas y sanadoras. Tras eso cruzamos casi todo el centro pasando por la Plaza de los Héroes, el más que recomendable Museo del Terror (un repaso a la ocupación nazi y la posterior dictadura comunista) y la ópera húngara. De ahí pasamos al "Mercado de Navidad" (una de las tantas visitas que le hicimos) y a tomar un dulce en la centenaria pastelería Gerbeaud.

Cerca de esta zona de la ciudad se encuentran también la bonita Iglesia de San Esteban, el Parlamento y sus alrededores.

Para terminar nuestra corta estancia en la ciudad, el domingo hicimos un tour guiado dentro de la Sinagoga, la más grande de toda Europa y en la que una patatita no pudo resistirse a comprarse un kipá auténtico! Y antes de tomar el avión, ascendimos a la Ciudadela y paseamos por la Colina de Gellért.

Budapest... tan idílico!

lunes, 10 de diciembre de 2012

Winter has come

Desde que llegamos a esta ciudad, todos sus habitantes nos advertían de que disfrutásemos lo máximo posible de las buenas temperaturas y del ocio al aire libre, ya que unos cuatro meses de nieves perpetuas se avecinaban. No les creímos... GRAN ERROR!!! La nieve ha llegado y Bucuresti está cubierto por un espeso manto blanco.
La verdad, las patatas estamos encantadas de lo que está pasando a nuestro alrededor porque le da más realismo a los adornos navideños y al propio "Mercado de Navidad".
Desde el 5 de diciembre, en la Plaza Universitate luce un típico mercado centroeuropeo con motivos navideños. En él se puede degustar vino y cerveza caliente, dulces típicos (algunos semejantes al turrón español), embutidos rumanos y caramelos gigantes. Además, en medio de la plaza, hay un árbol enooorme, situado al lado de la casita de Papá Noel. A su vez, sobre los edificios colindantes se proyectan figuras e imágenes propiamente navideñas.
Pero esta no ha sido la única novedad de los pasados días. La demora en actualizar el blog, ha hecho que las patatas, tengan mucho que contar!!

El día 5 también, visitamos por primera vez uno de los clásicos casinos rumanos. Autóctonos y foráneos se divierten algunas de las noches que pasan en Bucarest acudiendo a casinos. La entrada en estos lugares requiere del pago de una modesta cantidad, que permite no solo el acceso a los juegos, sino también cenar y beber sin límite alguno. Los menús no son deliciosos pero la buena compañía y las perspectivas de hacerse millonario, tientan a cualquiera. Sin embargo, el final fue bien diferente a lo anhelado, ya que no solo no nos hicimos ricos, sino que perdimos los 50 lei que habíamos apostado cada uno (unos 10 euros por cabeza, que nadie se asuste).

Esa semana estábamos imparables y el siguiente destino fue la ópera de Bucarest. Vestimos nuestros sombreros de copa, nuestros bastones y monóculos, y con toda la altanería posible, entramos en el pequeño edificio que alberga esta institución. Lamentablemente, no podemos contaros en detalle cuál fue el argumento de la obra, ya que el canto en italiano y la traducción simultánea en rumano no nos facilitaron la comprensión. Aún así disfrutamos de la velada y del buen hacer de Euterpe (musa de la música).




miércoles, 7 de noviembre de 2012

Querida patata...

De nuevo nos retrasamos en la actualización de nuestro diario, pero ahí va una pequeña dosis de nuestras aventuras en el "pequeño París".

Estos últimos días hemos contado con una grata visita, ¡la primera de muchas, esperamos! Tras más de una hora de espera en el aeropuerto  y una maleta perdida, por fin apareció "Peter". ¡Qué ilusión nos hizo a las patatas ver una cara conocida entre los rumanos! Además de su presencia, la estupenda botella de selecto vodka que nos trajo, los bombones vieneses y el lomo, hicieron que esos días aún fuesen mejores.

Nuestro provisional acompañante tuvo el placer de pasear por estas calles que algún día veréis y conocer, más en profundidad, la idiosincrasia del lugar. Quedó maravillado por los cables de tensión eléctrica situados a la altura de la cabeza, o los continuos agujeros en las aceras (por nuestro futuro bien, pues la ciudad está quedando más bonita). También con él fuimos a Brasov, una ciudad a dos horas y media en tren de la capital. Fundada en 1211, estuvo dominada por distintos pueblos, conservando aún influencias de su pasado austriaco y de los húngaros y alemanes que allí vivieron. Conocida como la "Ciudad Stalin" en la década de 1950 a 1960, recomendamos pasear por la Plaza Afantului y sus alrededores, entrar en la Iglesia Negra o subir a la Ciudadela. Siempre sin olvidar probar la carne de venado con un toque de mermelada de frutos del bosque.






Otra de nuestras experiencias de los pasados días, ya sin nuestro acompañante, fue caminar por los tejados de Bucarest. Alentados por uno de nuestros vecinos, que dijo que era habitual pasar de un edificio a otro por la azotea en lugar de por la puerta principal, no dudamos en comprobarlo. Al parecer, no es una actividad cotidiana como creímos, por asegura unas vistas de la ciudad increíbles. Solo apto para valientes.

Sabemos que también os despierta curiosidad que nos movamos tanto en taxi por aquí. Razón 1: los taxis de 1,39 lei/km que se encuentran por todas partes (¡ojo! también los hay caros y otros muchos baratos que intentan timarte cobrándote más de lo que marca el taxímetro o no devolviéndote el cambio). Razón 2: evitar el andén "de la muerte":

¡Es broma! Aunque el medio metro de andén pueda parecer peligroso, lo cierto es que estamos contentos con el servicio de metro de la ciudad y con la amplitud de sus vagones. La única pega es que hay muy pocas líneas todavía.

Como la inspiración se va acabando, y el sueño floreciendo, vamos a retirarnos ya por hoy. Dormiros apaciblemente tras haber degustado buenos productos españoles, apreciados si cabe aún más por nuestra condición de expatriados. Pero para que veáis que aquí tampoco pasamos hambre, una foto de una de las últimas sopas que nos hemos tomado:


Para otro día dejamos nuestras aventuras en el mercadillo de antigüedades y las extrañas medallas y puñales de la época nazi que allí se pueden adquirir.